Edgar Álzate estuvo durante 25 años consumiendo marihuana, pepas, bazuco, perico y finalmente pipa. Vivió alrededor de 10 de sus 46 años en la calle, de costal al hombro, barbado, con pulgas, piojos y un perro. Hace once meses decidió pedir ayuda y desde entonces está sobrio.
“Ingrese a las drogas por experimentar con un amigo, por eso, por un amigo”. Esas son las palabras de Edgar al preguntarle porque entró a ese mundo. La presión social es uno de los factores por los cuales los jóvenes llegan al consumo de drogas, el pertenecer a un combo hace, en muchas ocasiones, que ingieran alguna sustancia.
Teniendo una familia con la cual no le faltaba absolutamente nada. A raíz de las conductas y comportamientos que los adictos empiezan a tener como: justificaciones, mentiras, estar pendientes de los amigos, además de hurtos, entre otros. Edgar terminó viviendo en la calle.
“El paso o el detonante para llegar a la indigencia fue la rebeldía más que todo, con mi familia, de ver de qué prácticamente yo lo tenía todo y no me saciaba nada, no me gustaba nada. Me metí con la droga de lleno, ya no quería que me impusieran normas, ni ley, simplemente quería sumergirme más en la droga y ahí llegué a las calles de Medellín”.
Según la psicóloga Sandra Lara a los adictos “todas esas condiciones les facilitan el entorno del consumo, donde se están ocultando, a sí mismos, todas las variables de una vida y un bienestar, ellos ni siquiera se dan cuenta del comportamiento que están teniendo hacia los otros, porque lo que están buscando es consumir.”
Luego de robar en varias oportunidades el apartamento de su madre y separarse de su esposa, Edgar se fue a vivir a las orillas del rio Medellín, en donde su esposa, embarazada, iba con frecuencia a bañarlo, motilarlo, afeitarlo, etc. Hasta que un día decidió que por el bien de su hijo no podría seguir visitándolo.
Luego de varios intentos por dejar las drogas y de estar en varios centros de rehabilitación, su esposa y su familia decidieron dejar que se hundiera solo en su adicción. Pasaron muchos años y muchas situaciones en la vida de Edgar para que el decidiera dejar el consumo.
Finalmente, después de tantos sinsabores y de haber hecho un buen proceso de rehabilitación, Edgar recuperó a su familia. Aunque durante el proceso no le creían, sus buenas actitudes y demostrar que quería salir adelante hicieron que ellos confiaran en él y volviera a ser parte de esa familia y de una sociedad.